No, en absoluto. En terapia no existe ninguna obligación de revelar nada para lo que no estés preparada. Tú marcas el ritmo y decides qué quieres compartir y en qué momento.
Cada proceso es único y personal, y mi labor es acompañarte desde el respeto, crear un espacio seguro y sostenerte emocionalmente para que puedas explorar lo que necesites sin sentir presión. Con el tiempo, muchas personas se sienten más cómodas y abren aspectos que al inicio no podían o no querían abordar, y está bien que sea así.
Lo importante es que puedas sentir la sesión como un lugar donde puedes ser tú, donde tus tiempos se respetan y donde el avance se construye desde la confianza, no desde la exigencia.