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La Adolescencia y el Otro contemporáneo

La Adolescencia y el Otro contemporáneo

Artículo publicado en la revista digital Punto de Fuga nº11, diciembre 2023  


Adolescencia

El término adolescencia viene a referirse a un período de vida entre el ser infantil y el ser adulto, pero su concepción es relativamente nueva ya que aparece en el siglo XIX, en el contexto de ciertos cambios sociales. Es un término acuñado por la sociología, y que luego también tomaría la psicología. Desde entonces, la adolescencia ha sido objeto de interés como etapa evolutiva para la psicología, así como fenómeno de estudio en el campo social.

La adolescencia es considerada un momento de la vida en el que se suceden muchos cambios. Es un momento de separación del Otro que conlleva pérdidas, del Otro parental, del yo infantil, y del cuerpo de la infancia con el advenimiento de la pubertad, encontrándose el adolescente con un cuerpo afectado por un goce que habrá de encontrar otros circuitos pulsionales. Es un momento de búsqueda de nuevos ideales que hagan de referentes, una época atravesada por nuevos deseos, por un cuerpo que cambia, hay un intento por apropiarse de una nueva imagen, de responder a nuevas exigencias sociales.

Hablar de adolescencia entonces hace referencia al campo de la psicología y de la sociología, lo que apunta a una generalidad que poco o nada nos dice acerca de lo singular del sujeto, que es de lo que el psicoanálisis se vendría a ocupar. Por otro lado, tenemos el término de pubertad, que es un término que viene de la medicina y refiere a un periodo marcado por lo biológico. Freud escogió este segundo término en Tres ensayos de teoría sexual, al escribir el capítulo La metamorfosis de la pubertad. En estos ensayos, viene a decirnos que en la pubertad el individuo ha de, por un lado, definir su elección de objeto como homosexual o heterosexual, por otro lado, posicionarse en su ser sexuado como hombre o como mujer. El tiempo de la pubertad es un encuentro abrupto con la no relación sexual ante lo que el sujeto habrá de responder con su posición sexuada y la elección de objeto.

Es importante recordar que Lacan incide en distinguir al sujeto de toda dimensión biológica o psicológica, así refiere que: “en el psicoanálisis la historia es una dimensión distinta de la del desarrollo, y que es aberración tratar de reducirla a ella. La historia no se prosigue sino a contratiempo del desarrollo». El sujeto «vehiculado por el significante en su relación con el otro significante, debe distinguírselo severamente tanto del individuo biológico como de toda evolución psicológica subsumible como sujeto de la comprensión» [1].

¿Cómo entender la adolescencia desde la orientación lacaniana? El sujeto es atemporal en el sentido cronológico, por tanto, no existe una especialización en infancia o adolescencia ya que el tratamiento del sujeto es siempre el mismo más allá de la edad. Esto no excluye, sin embargo, reconocer que la adolescencia es un momento de la vida que tiene sus particularidades en la constitución subjetiva.
Aunque el sujeto no implique una temporalidad cronológica, sí que implica una temporalidad lógica ya que es a posteriori que los acontecimientos se significan, que adquieren significado. Así, hay algo temporal en la adolescencia ya que la historia del sujeto se constituye siempre a posteriori, esta es la lógica significante, y en ello estamos en este tiempo de la vida.

La adolescencia puede entenderse así como ese segundo momento en que se significan los acontecimientos infantiles, y donde irrumpe abruptamente un cuerpo pulsional afectado por un goce que el sujeto habrá de ubicar en el cuerpo del otro como partenaire. El sujeto adolescente buscará asimismo un lugar en el Otro social. No podemos desatender que el sujeto tiene un cuerpo gozante, ni podemos abarcar al sujeto sin atender al Otro en el que se constituye.
Me gusta mucho la forma en que trata esto Alexandre Stevens, al decir que la adolescencia es el síntoma de la pubertad. [2] La adolescencia se trataría de la respuesta que da el sujeto al brutal encuentro con lo real de la sexualidad que acontece en este tiempo tan peculiar.

Cada adolescente habrá de inventar su síntoma para hacer ante el enigma del Otro y del goce excesivo que irrumpe en un cuerpo que siempre nos es ajeno al estar mordido por el significante. Cuerpo que habrá de articular entre las sensaciones que le llegan y lo que le viene del orden simbólico, el Otro.
Para Freud, este tiempo se trataría de una segunda vuelta en la estructuración edípica, una reedición del Edipo. Es ahora, apres-coup, cuando se resignificarán los acontecimientos de la infancia, estructurando el fantasma del sujeto. La adolescencia o pubertad es esa segunda vuelta en la que el sujeto se inscribe en el discurso como hombre o como mujer, ante la X de la sexualidad responde con su identidad masculina femenina y adecuando el goce a ella. En la pubertad se ponen a prueba las elecciones de objeto infantiles y se ubica la segunda vuelta en la construcción del fantasma. En este segundo tiempo se fijan más firmemente los circuitos pulsionales, así, la intervención del analista en este momento de la vida puede marcar una diferencia vital en la constitución subjetiva.

Como refería, el sujeto lacaniano es lo que un significante representa para otro significante, y por tanto el sujeto es siempre el mismo a toda edad. Pero como vemos, hay una temporalidad del sujeto, regida por el significante, que construye las significaciones infantiles a posteriori, ya que es tras una segunda vuelta que el sujeto se efectúa.

La manera que el sujeto encontró para nombrar la diferencia sexual en la infancia se pondrá a prueba en este tiempo con el encuentro de lo real de la sexualidad, y para ello habrá de buscar en el Otro donde constituirse. Es en este tiempo que se historiza en los acontecimientos ocurridos hasta entonces, es decir que los acontecimientos significantes ocurridos es en este segundo tiempo que adquieren significación. Es un tiempo estructurante en la subjetividad. Entonces, es importante atender esta dimensión del Otro de la época para acercarnos al fenómeno de la adolescencia y los síntomas contemporáneos. Hay algo que ha cambiado desde la época de Freud.

El Otro contemporáneo

Si bien el ser hablante se encuentra siempre con los problemas que produce el efecto del lenguaje sobre el cuerpo y todo lo que esto implica, con la problemática de hacer con la pulsión, de cómo hacer lazo con otros, de acomodarnos a un cuerpo al que nunca logramos hacernos del todo… Las condiciones de la época producen marcas en la subjetividad de los seres hablantes, y hay que atender al Otro contemporáneo para acercarnos a la clínica que encontramos hoy en día. Como nos enseñó Freud, el sujeto individual y el sujeto social están íntimamente imbricados, y no es posible entender uno sin el otro.
Cuando hablamos de la época orientamos la mirada a los adolescentes. Podríamos entender la adolescencia como un reflejo de la época que vivimos, al constituirse en relación a los adultos que encarnan los significantes de la cultura, a partir de los cuales se armarán los síntomas.
Hablar de la adolescencia hoy en día nos remite a temas tan candentes socialmente como el impacto de las nuevas tecnologías y las redes en la subjetividad, el protagonismo que cobra la imagen y el cuerpo estético, el aumento de la pornografía, de las adicciones (no sólo a sustancias sino en sus otras manifestaciones como adicción a videojuegos, compras compulsivas, etc.). Las toxicomanías, los ataques de pánico, la anorexia y la bulimia, son manifestaciones clínicas de la época que predominan significativamente entre los adolescentes. Desafortunadamente, también la tasa de suicidio en España aumenta escalofriantemente [3]. ¿Cómo entender esto? ¿Son los suicidios adolescentes un síntoma de la época?

Las coordenadas de la época actual han cambiado en relación a la época en que Freud descubrió el inconsciente. Freud inventa el psicoanálisis escuchando a sus pacientes, en el contexto de una sociedad capitalista de tipo disciplinar -cuyo paradigma es la Inglaterra victoriana de la segunda mitad del siglo XIX-, que era una sociedad centrada en la prohibición del goce.

Hemos pasado de una sociedad de renuncia al goce, a la del capitalismo avanzado, que es la del empuje a gozar. Al sujeto se le ordena sobre todo gozar y este imperativo, este deber gozar, tiene sus efectos en los sujetos y en el lazo social. Por ejemplo, actualmente los grupos entre los adolescentes se forman ya no tanto por un ideal, sino por prácticas de goce comunes.

Mientras que en la época victoriana el sujeto sufre los efectos de la prohibición a través de una ley simbólica que se inscribe pagando con una pérdida de goce que perdura en la vida del neurótico en forma de repetición, hoy en día encontramos una precariedad respecto a la inscripción de esta ley simbólica, ya sea que no se haya inscripto, y aquí estamos en el campo de los sujetos psicóticos; o que se haya instalado de forma carente, y aquí estamos en el campo de las neurosis actuales, donde encontramos un empuje hacia el goce inmediato y desregulado.

Entonces, se ha producido un giro en la forma en que habitamos el mundo, y esto tiene sus efectos en nosotros los seres parlantes. ¿De qué forma la caída del Nombre del Padre que transitamos en esta época afecta a la adolescencia, en este pasaje de la sexualidad infantil a la adulta?

La crisis de la función paterna podríamos entenderla desde Freud como un fracaso parcial o total en el atravesamiento del Edipo y en la constitución del ideal del yo. El Ideal del yo está orientado por la función paterna, por lo que los adolescentes de hoy en día encuentran más complicada esta solución por vía de la identificación, ya que esta función paterna se encuentra más degradada.

Con la caída del Nombre del Padre, se produce una caída de los ideales que ordenaban y cercenaban el goce. Podríamos decir que ya no existe un discurso preponderante acerca de cómo uno tiene que ser hombre o mujer, o cómo relacionarse con el partenaire… en cambio, existen muchos modos distintos, muchas ‘ofertas’, y esa multiplicidad de maneras en lugar de orientar al sujeto más bien hace emerger la angustia al no encontrar un lugar donde ubicarse. Ocurre que, en la búsqueda de referentes por fuera del Otro familiar, la declinación de la figura paterna resulta en que ese vínculo sea frágil.

Por otro lado, podemos pensar los efectos de la caída del Nombre del Padre en relación al cuerpo, cuerpo en tanto imagen, así como en su dimensión de cuerpo gozante.

La dimensión de la imagen cobra un valor principal hoy en día, se extiende con el uso de las nuevas tecnologías y las aplicaciones a través de las cuales los adolescentes se relacionan entre ellos. Exhibir una foto es la mejor carta de presentación frente al otro y supone algo muy importante para el sostén narcisista.

Es también la forma en que los adolescentes tratan de encontrar un lugar en el Otro, en un momento en que las desestabilizaciones de la imagen lo acompañan, incidiendo así en la brecha que supone la imagen ideal y la imagen virtual, y que genera mucha angustia.

También podemos observar cómo la intervención sobre el cuerpo adquiere un lugar principal, habiendo aumentado significativamente el número de operaciones estéticas, así como su oferta. Encontramos igualmente en los adolescentes un preocupante aumento del ya denominado fenómeno del cutting, es decir la producción de lesiones en la piel a través de cortes, arañazos, quemaduras…

A lo largo de la historia el ser humano ha producido marcas en su cuerpo, por ejemplo, la circuncisión del prepucio en la comunidad judía como símbolo de la alianza con Dios, la flagelación en las comunidades cristianas como manera de expiar sus pecados… o más cercano a nuestra cotidianidad, el agujerar las orejas de las niñas para marcarlas simbólicamente como tales. En todo caso, estas marcas se producen como un ritual que simboliza la entrada a lo social, es un fenómeno cultural. Se trata de la amputación de una parte de lo vivo como condición para la entrada en un pacto social, y remite como Freud indica a una pérdida que ha de inscribirse en el cuerpo para entrar en la sociedad.

Sin embargo, el tratamiento del cuerpo de los adolescentes a través de cortes, escarificaciones o quemaduras no son marcas que parten del Otro, sino que su fin es la extracción de un goce que, al no haber sido negativizado por el significante, constituye un exceso que destruye al sujeto.
El acting out y el pasaje al acto, podemos entenderlos como la última solución que encuentra el sujeto para escapar de la angustia cuando el fantasma no vela y los síntomas desfallecen. Hay hoy en día por tanto una precariedad del Otro, del orden simbólico, cuyo efecto es la dificultad para construir durante el pasaje adolescente estas respuestas ante la x de la sexualidad, el enigma del cuerpo y del otro sexo. Respuestas tan ficticias como necesarias para el sujeto, que cuando carece de este aparataje no puede responder ante la angustia si no es con el pasaje al acto.
 

Notas
[1] En Lacan, Jacques (2013). La ciencia y la verdad, en Escritos 2. Ed: Biblioteca Nueva, Madrid. Pág. 831.
[2] La adolescencia es el síntoma de la pubertad es como titula su artículo publicado en Fort-Da número 13.
[3] Resultados publicados del Informe sobre la Evolución del suicidio en España en la población infantojuvenil (2000-2021). Entre otras cosas, este estudio muestra un aumento significativo del número de suicidios entre los adolescentes, de 12 a 17 años, del 32,35% entre 2019-2021, pasando de 34 a 45 fallecidos. En este grupo también se observa una distribución infrecuente de los casos por sexo. Si en el resto de grupos de edad, tres de cada cuatro suicidios son consumados por hombres, entre los adolescentes la cifra está prácticamente al 50%. En total, entre la población de 12 a 29 años, se registraron 336 suicidios solo en 2021, el último año con datos disponibles y completos. Es la principal causa de muerte de la gente joven en España.
 

Fuente: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-20/las-adolescentes-igualan...

Bibliografía
-Freud, Sigmund (2013). Tres ensayos de teoría sexual, en Obras completas, volumen 7. Buenos Aires: Amorrortu.
– Lacan, Jacques (2013). La ciencia y la verdad, en Escritos 2. Ed: Biblioteca Nueva, Madrid.
-Stevens, Alexandre (2019). La adolescencia, síntoma de la pubertad. En Fort-Da, revista de psicoanálisis con niños. Número 13.
-Jozami, Adelfa (2017). Pubertadolescencia. Elección sexual. Xoroi Edicions.
-Cosenza, Domenico (2021). El muro de la anorexia. Xoroi Edicions.

 

Violeta Conde

En este espacio encontrarás artículos, lecturas recomendadas, reflexiones y novedades relacionadas con la psicología y el bienestar emocional. También compartiré recursos, ideas y pequeños tips que pueden ayudarte en tu propio proceso.

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Violeta Conde es psicóloga y psicoanalista con una sólida trayectoria en el acompañamiento terapéutico de adultos y jóvenes.

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